Comida de empresa 2ª Parte. Relato erótico gay.

comida de empresa segunda parte

En la primera parte de este relato os conté como una comida de navidad de empresa se convirtió en la mejor comida de empresa de mi vida.

Le comí la polla a mi jefe y se corrió dentro de mi boca.

Su polla era tan grande y estaba tan rica que no dejé escapar ni una gota de semen. Estaba tan excitado que me lo tragué todo.

Sin embargo, yo no me corrí, y mi jefe, que es una persona muy educada, al darse cuenta de eso me invitó a su casa para pasar toda la tarde follando.

Yo le había chupado la polla en el reservado de un restaurante, y estaba claro que allí no podía hacer lo que quería seguir haciendo, que era poner a cuatro patas a aquel semental y follármelo hasta dejarlo seco.

O que me follara él a mí, la verdad es que no tengo preferencias.

Pero lo que pasó fue mejor todavía, ya que mi jefe es tan vicioso y le gusta tanto el sexo como a mí, así que primero me lo follé yo y luego me folló él a mí.

Pero no adelantemos acontecimientos. Volvamos al restaurante.

Mi jefe había tenido la mejor comida de su vida. Se había corrido como si no hubiese un mañana. Y todavía estaba cachondo porque me ofreció ir a su casa a follar toda la tarde.

Por supuesto que yo dije que sí. Estaba más cachondo que una mona en celo, y ni siquiera me había corrido. Leer más

Un día de playa. Relatos eróticos gay.

Dia de playa

Me encanta la playa.

Soy el típico que llega y se tumba en la toalla y se pone en modo hibernación a tomar el sol, casi sin ni siquiera ir a bañarse.

Me gusta mucho estar tumbado en la arena, cerca de la orilla, sintiendo la brisa marina.

Y por supuesto achicharrarme de calor, pero siempre por una buena causa: un bonito tono de piel bronceada.

Pero lo que más me gusta de la playa es la cantidad de tíos buenos que van a hacer lo mismo que yo.

Es por eso por lo que suelo ir a una playa nudista.

Y es que, ya que voy a ver cuerpos morenos, prefiero verlos al completo sin la censura del bañador.

Uno de mis mejores días de playa fue hace muy poco.

Llegué después de comer, como siempre, ya que prefiero ir por la tarde, y coloqué mi toalla a unos tres metros de la orilla.

Me desnudé por completo, me puse crema para no quemarme el cuerpo y me acosté boca arriba.

Suelo hacer nudismo porque no me gustan las marcas del bañador, y por eso voy a una playa nudista.

Sin embargo, he de reconocer que tengo un pequeño fetiche que podría resultar contradictorio.

Me excita sobremanera ver a otro hombre desnudo y bronceado, pero con una marca del bañador completamente definida.

Esos culos blancos de los que parten piernas y torsos morenos me ponen a mil, no puedo remediarlo.

Y eso es lo curioso: no me gusta tener una marca del bañador, pero cuando veo un hombre que la tiene es que me entran ganas de follármelo inmediatamente. Leer más

Calentura en el taxi. 2ª Parte. Relatos porno gay gratis.

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Por si no os acordáis de dónde dejé mi historia en el anterior relato, os hago un pequeño resumen.

Me fui de marcha con mis amigos y conocí a un chico guapo y espectacular, llamado Raúl, que me ponía el cuerpo a mil por hora solo con mirarlo.

Nos fuimos a su casa a follar y por el camino nos metimos en un portal abierto para darnos el lote. Nos enrollamos y tocamos sin quitarnos la ropa, pero Raúl me pareció demasiado pudoroso para tener sexo en un lugar público así que salimos para coger un taxi.

Sin embargo, en el taxi me demostró que su pudor era solo una fachada, y que era el chico más morboso y atrevido que había conocido en mi vida.

Aquí vuelvo a comenzar la historia.

Entramos los dos al taxi que nos iba a llevar a su casa. Raúl le dijo al taxista su dirección.

Yo conocía la zona donde vivía. Estaba a unos 10 minutos de distancia en coche.

Raúl y yo nos sentamos en el asiento de atrás.

Yo me senté justo detrás del asiento del conductor y Raúl se sentó justo a mi lado.

No estaba detrás del asiento del copiloto, sino que estaba en el asiento central del coche, muy cerca de mí, pero sin rozarme.

No hablamos durante todo el trayecto.

Éramos dos chicos que se acababan de conocer en la barra de un bar, así que no teníamos conversación.

Lo único que queríamos era llegar cuanto antes a su casa para besarnos, desnudarnos, acariciarnos todo el cuerpo y follar. Leer más

Mi amigo hetero. Relatos de sexo gay.

Mi amigo hetero

¿Quién puede decir que no se ha enamorado, enganchado o simplemente se ha quedado colgado de un amigo heterosexual?

Levanto la mano y entono el mea culpa.

También tengo que decir que yo me follé a mi amigo heterosexual.

Pero después de eso seguimos siendo tan amigos.

Ahora él está casado y con niños, y yo tengo el recuerdo de haber probado su culo y su polla.

No es que saquemos el tema con frecuencia.

No lo sabe nadie.

Sin embargo, esa sonrisa picarona que me dedica a veces cuando se toma dos cervezas a mí me sigue derritiendo.

Todo ocurrió cuando tenía 20 años.

Yo ya estaba completamente fuera del armario para mi familia y mis amigos. Y seguía conservando a mis amigos de la infancia.

Mi mejor amigo era heterosexual. Se llamaba Javi.

Sigue siendo un gran amigo, pero ahora nos vemos menos porque tiene tres hijos pequeños y las responsabilidades son distintas.

El caso es que cuando los dos estábamos en la universidad, nos aficionamos a salir de marcha los jueves yendo a las fiestas universitarias.

Yo le ayudaba a él a ligar con las chicas y él me ayudaba a ligar con chicos. Éramos el equipo perfecto.

Javi estaba muy bueno. Tenía un culo redondo, duro y respingón que me volvía loco.

Sin embargo, reprimía mis pensamientos sexuales hacia él porque ante todo era mi amigo y lo quería como tal.

El atractivo de Javi era innegable. Él lo sabía y lo lucía con orgullo.

A pesar de que sabía que yo era gay íbamos al gimnasio siempre juntos y nos duchábamos juntos. Leer más

Noche de gimnasio. Relatos eróticos gay.

Noche de gimnasio

Siempre me ha gustado ir al gimnasio por la noche.

Ya sé que lo hace mucha gente, pero todo el mundo suele ir por la noche al gimnasio por obligación.

Están los que se pasan el día trabajando y solo pueden ir cuando terminan su jornada.

Después están los estudiantes que van a clase por la tarde y la mañana se la pasan durmiendo.

O los que van a clase por la mañana y la tarde se la pasan estudiando.

En mi caso la razón es muy sencilla: Por la noche están los chicos más guapos y macizos sudando y haciendo el ejercicio que no han podido hacer a otra hora del día.

Es evidente que yo también necesito hacer ejercicio para mantener el magnífico cuerpo que tengo, aunque la razón de ir al gimnasio es que soy un mirón.

Me encanta observar los cuerpos de los hombres que van a mi gimnasio por la noche.

Los vestuarios masculinos de mi gimnasio son como una especie de caja roja de bombones, de la que sabes con certeza que cualquiera que pruebes te va a gustar, pero nada más comerlo te engordará una parte de tu cuerpo.

Mientras estoy en el vestuario disimulo. Los miro muy sutilmente y no me han pillado casi nunca.

La parte de mi cuerpo que engorda cuando los miro se mantiene muy discreta, y solo despierta cuando llego a mi casa y me imagino lo que haría con mi boca recorriendo cada centímetro de sus musculosos culos. Leer más

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