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Mi amigo hetero. Relato erótico sexo gay.

¿Quién puede decir que no se ha enamorado, enganchado o simplemente se ha quedado colgado de un amigo heterosexual?

Levanto la mano y entono el mea culpa.

También tengo que decir que yo me follé a mi amigo heterosexual.

Pero después de eso seguimos siendo tan amigos.

Ahora él está casado y con niños, y yo tengo el recuerdo de haber probado su culo y su polla.

No es que saquemos el tema con frecuencia.

No lo sabe nadie.

Sin embargo, esa sonrisa picarona que me dedica a veces cuando se toma dos cervezas a mí me sigue derritiendo.

Todo ocurrió cuando tenía 20 años.

Yo ya estaba completamente fuera del armario para mi familia y mis amigos. Y seguía conservando a mis amigos de la infancia.

Mi mejor amigo era heterosexual. Se llamaba Javi.

Sigue siendo un gran amigo, pero ahora nos vemos menos porque tiene tres hijos pequeños y las responsabilidades son distintas.

El caso es que cuando los dos estábamos en la universidad, nos aficionamos a salir de marcha los jueves yendo a las fiestas universitarias.

Yo le ayudaba a él a ligar con las chicas y él me ayudaba a ligar con chicos. Éramos el equipo perfecto.

Javi estaba muy bueno. Tenía un culo redondo, duro y respingón que me volvía loco.

Sin embargo, reprimía mis pensamientos sexuales hacia él porque ante todo era mi amigo y lo quería como tal.

El atractivo de Javi era innegable. Él lo sabía y lo lucía con orgullo.

A pesar de que sabía que yo era gay íbamos al gimnasio siempre juntos y nos duchábamos juntos. Leer más

Noche de gimnasio. Relato erótico gay.

Siempre me ha gustado ir al gimnasio por la noche.

Ya sé que lo hace mucha gente, pero todo el mundo suele ir por la noche al gimnasio por obligación.

Están los que se pasan el día trabajando y solo pueden ir cuando terminan su jornada.

Después están los estudiantes que van a clase por la tarde y la mañana se la pasan durmiendo.

O los que van a clase por la mañana y la tarde se la pasan estudiando.

En mi caso la razón es muy sencilla: Por la noche están los chicos más guapos y macizos sudando y haciendo el ejercicio que no han podido hacer a otra hora del día.

Es evidente que yo también necesito hacer ejercicio para mantener el magnífico cuerpo que tengo, aunque la razón de ir al gimnasio es que soy un mirón.

Me encanta observar los cuerpos de los hombres que van a mi gimnasio por la noche.

Los vestuarios masculinos de mi gimnasio son como una especie de caja roja de bombones, de la que sabes con certeza que cualquiera que pruebes te va a gustar, pero nada más comerlo te engordará una parte de tu cuerpo.

Mientras estoy en el vestuario disimulo. Los miro muy sutilmente y no me han pillado casi nunca.

La parte de mi cuerpo que engorda cuando los miro se mantiene muy discreta, y solo despierta cuando llego a mi casa y me imagino lo que haría con mi boca recorriendo cada centímetro de sus musculosos culos. Leer más

Comida de empresa. Relato erótico gay.

Os voy a contar mi mejor comida de empresa.

Cuando tenía veintidós años empecé a trabajar como administrativo en una empresa de paquetería. Éramos unos veinte empleados y el jefe de nuestra oficina estaba muy pero que muy bueno.

Era un hombre de edad indeterminada. Tendría entre treinta y cuarenta años. Era muy guapo y tenía un cuerpazo de escándalo. Siempre venía con traje a la oficina y los pantalones le marcaban un culo redondo y duro, y el bulto que marcaba en la parte delantera era tan prominente que parecía como si estuviera empalmado constantemente.

Me daba mucho morbo mi jefe.

Me hacía pajas todos los días pensando en él.

Cada día cuando llegaba a mi casa por la noche, cachondo después de haber estado todo el día compartiendo oficina con semejante semental, me cogía la polla con la mano derecha y la movía con suaves movimientos de subida y bajada y con los ojos cerrados.

Me gustaba correrme pensando que mi mano era la boca de mi jefe y que eran sus labios carnosos los que me recorrían arriba y abajo la polla hasta que mi leche salía disparada.

Incluso compré un masturbador con la forma de una boca.

Esta boca me recordaba al objeto de mi deseo y siempre que me masturbaba con mi juguetito cerraba los ojos y pensaba que en realidad estaba en la oficina, en su despacho, sentado en su sillón, y que él estaba arrodillado delante de mí haciéndome una mamada.

Soñaba con la polla de mi jefe. Leer más

Mi primera vez con un vibrador. Relatos gay.

Mi primera vez con un vibrador, o cómo conseguí el orgasmo más intenso de mi vida.

Desde que empecé a tener sexo con otros hombres he practicado el sexo anal. Soy versátil y me enorgullezco de decirlo siempre en voz alta.

Llevo practicando el sexo anal desde que perdí la virginidad a los 17 años. Me encanta y me resulta muy satisfactorio siempre, tanto si actúo como activo como si lo hago como pasivo.

Sin embargo, en lo que respecta a la masturbación no puedo decir que haya sido muy innovador en mi vida.

Empecé a masturbarme a los 14 años, y nunca me había planteado darme placer a mí mismo de otra forma que no fuera machacándome la polla a la antigua usanza, usando con firmeza mi mano derecha.

Ya pasados los 30 años (pero por poco) podía decir que nunca había pensado en utilizar un consolador o vibrador anal.

Es por ello que recientemente me entró el gusanillo, por decirlo suavemente. No paraba de fantasear y meterme un dedo y hasta dos por el culo cuando me masturbaba. Y las corridas eran fantásticas.

Es por eso que pensé:

-“Si me encanta que me metan una polla por el culo y me follen, ¿por qué no probar a meterme yo mismo una polla cuando me la estoy cascando?. ¡Tiene que ser la bomba!

Así que no esperé más y decidí probar a masturbarme metiéndome un juguete por mi culo.

Cuando me decidí a hacerlo opté por un vibrador estimulador prostático. Leer más

Calentura en el taxi. 1ª Parte. Relato erótico gay.

¿No te ha pasado alguna vez que tienes tal nivel de calentura que no puedes esperar a llegar a tu casa o a algún lugar en el que puedas desfogarte con tranquilidad?

A mí no es que me pase a menudo. Siempre suelo tener paciencia. Pero una vez sí que fue muy difícil esperar y por eso me dejé llevar.

Todo empezó cuando una noche salí de juerga con mis amigos. Nada del otro mundo. Tomamos unas copas y bailamos en un pub hasta bien entrada la madrugada.

De repente me fijé en que un chico que estaba junto a la barra no paraba de mirarme. Me miraba fijamente y sonreía.

Tampoco es que le diese mucha importancia. Tengo un buen cuerpo y lo luzco muy bien, así que no es difícil que la gente me mire, tanto hombres como mujeres.

Pero aquello era distinto y se notaba. De repente su mirada se transformó y ya no me estaba mirando con curiosidad. Me miraba con lujuria.

Sus ojos me estaban devorando apenas sin parpadear, y se pasaba la lengua por los labios cada poco tiempo, quizás imaginando lo que podría estar lamiéndome en ese momento.

Mis amigos no se dieron cuenta, pero yo poco a poco me estaba excitando cada vez más. Mi polla no se puso dura, pero un calor me estaba subiendo desde los huevos hasta la cabeza, y estaba seguro de que no tenía nada que ver con el alcohol que estaba tomando.

Cuando el calentón fue más grande que mis ganas de juerga les dije a mis amigos que no me esperaran, que iba a intentar follarme al chico de la barra. Leer más

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