Comida de empresa 2ª Parte. Relato erótico gay.

En la primera parte de este relato os conté como una comida de navidad de empresa se convirtió en la mejor comida de empresa de mi vida.

Le comí la polla a mi jefe y se corrió dentro de mi boca.

Su polla era tan grande y estaba tan rica que no dejé escapar ni una gota de semen. Estaba tan excitado que me lo tragué todo.

Sin embargo, yo no me corrí, y mi jefe, que es una persona muy educada, al darse cuenta de eso me invitó a su casa para pasar toda la tarde follando.

Yo le había chupado la polla en el reservado de un restaurante, y estaba claro que allí no podía hacer lo que quería seguir haciendo, que era poner a cuatro patas a aquel semental y follármelo hasta dejarlo seco.

O que me follara él a mí, la verdad es que no tengo preferencias.

Pero lo que pasó fue mejor todavía, ya que mi jefe es tan vicioso y le gusta tanto el sexo como a mí, así que primero me lo follé yo y luego me folló él a mí.

Pero no adelantemos acontecimientos. Volvamos al restaurante.

Mi jefe había tenido la mejor comida de su vida. Se había corrido como si no hubiese un mañana. Y todavía estaba cachondo porque me ofreció ir a su casa a follar toda la tarde.

Por supuesto que yo dije que sí. Estaba más cachondo que una mona en celo, y ni siquiera me había corrido. Además, estaba ligeramente colocado por el vino que había bebido en la comida.

Salimos del restaurante a toda velocidad y nos subimos en su coche.

El trayecto hasta su casa se me hizo eterno, pero lo aproveché bien.

Yo iba sentado en el asiento del copiloto, así que alargué mi mano izquierda y comencé a tocarle la entrepierna por encima del pantalón.

Su polla se volvió a poner dura al instante. Se acababa de correr con un orgasmo bestial, y ahí estaba otra vez, dura como una piedra debajo del pantalón y al alcance de mi mano.

Tuve tentaciones de agacharme y volver a mamársela mientras conducía, pero lo acababa de hacer en el restaurante y no quería que perdiera el control y tuviéramos un accidente.

Tardamos unos veinte minutos en llegar a su casa.

Vivía en un ático en el centro de la ciudad. Aparcó el coche en el garaje del edificio y subimos en el ascensor.

En cuanto se cerró la puerta del ascensor mi jefe me agarró el culo con las dos manos y me arrastró hasta él, pegando sus labios en los míos para darme un morreo que hizo que me olvidara de donde estaba.

Cuando llegamos a su piso me soltó, puso cara de disimulo y salimos al rellano. Los dos íbamos con los paquetes tan tirantes que la cremallera podría haber reventado. Menos mal que no nos cruzamos con ningún vecino suyo.

Mi jefe abrió la puerta de su casa, entramos los dos dentro, y la cerró de un portazo.

No tardó ni dos segundos en abalanzarse sobre mí.

Me besó en la boca y en el cuello. Me metió la lengua hasta la garganta y después me chupó el lóbulo de la oreja derecha. Yo estaba tan cachondo que podría haberme corrido allí mismo.

  • Quiero que me folles – me dijo susurrándome al oído.

Mi sorpresa fue mayúscula.

Yo era un chaval de 22 años delgado, pero fibrado, y él tendría como diez años más que yo, con un cuerpazo que parecía sacado de un panteón de dioses griegos. ¡Y me estaba pidiendo que yo me lo follara!

Normalmente en mi vida siempre había sido al revés.

Evidentemente no desaproveché la ocasión.

Comenzamos a desnudarnos los dos apresuradamente. En unos pocos segundos estábamos los dos en pelotas, abrazándonos y restregando nuestros cuerpos desnudos.

Su polla volvía a estar tiesa, y la volví a agarrar, pero él no me dejó.

De repente se agachó y se puso de rodillas ante mí, se metió mi polla en la boca y comenzó a chupármela lentamente.

El goce de aquella mamada fue tan inesperado que me comenzaron a recorrer escalofríos de placer por todo el cuerpo.

Yo sabía lo que eso significaba. Estaba a punto de correrme, pero no quería hacerlo tan pronto.

Eché mi culo hacia atrás y saqué mi polla de su boca diciendo:

  • Espera un poco. Estoy a punto de correrme y no quiero correrme en tu boca. Quiero correrme un tu culo. Quiero romperte el culo y soltar mi leche dentro. Y si esperamos un poco voy a durar más y te voy a poder follar más tiempo.

Mi jefe me miró con sonrisa pícara.

Mis comentarios vulgares y soeces lo habían puesto como una moto.

Estaba muy claro que quería mi polla dentro de su culo, y aunque la quisiera ya, se veía que podía esperar el tiempo necesario para que le follara más espaciadamente.

Mientras que él se ponía de nuevo en pie, yo me aparté un poco de su lado.

Él me cogió de la mano y me llevó a una habitación que resultó ser su dormitorio.

Se subió a la cama y se puso a cuatro patas sobre la misma, dejando a la vista su enorme y redondo culo, de forma que no me quedó más remedio que tirarme como un loco a comérmelo.

Él estaba sobre la cama, pero junto al borde, y yo estaba agachado al lado de la cama, con mi cara en su culo.

Comencé a lamer y chupar. Le metí la lengua por el ojete hasta que conseguí dilatarlo. Empecé a meterle un dedo, luego le metí dos y luego hasta tres.

No recuerdo el tiempo que estuve chupando el culo de mi jefe, pero cuando ya parecía que estaba completamente dilatado, me incorporé y le metí mi polla por su ojete.

Mi polla estaba tan dura que tuvo que hacerle daño, pero no dio esa impresión.

Estaba tan excitado que no me detuve a pensar en metérsela poco a poco. Se la metí de golpe y con las ganas que daban el haber estado toda la tarde comiendo polla y culo y no haberme corrido todavía.

A pesar de mi brusquedad mi jefe no sintió dolor. Todo lo contrario.

Estaba tan excitado y le había dilatado el ano tanto que le entró mi polla hasta el fondo sin necesidad de lubricante, y emitió un gemido de placer tan lúbrico que no cabía ninguna duda de que lo había disfrutado.

Ahora me tocaba a mí.

Agarré su culo con las dos manos y comencé a follarme a mi jefe.

Mi culo iba adelante y atrás.

Mi polla entraba y salía de su agujero.

No puedo precisar el tiempo que estuve metiéndosela hasta el fondo a ese adonis a cuatro patas, pero si que recuerdo que cuando empecé todavía era de día y cuando me corrí ya estaba anocheciendo.

Y vaya como me corrí.

Cuando mi polla no pudo más y reventó, solté un chorro de semen que inundó a mi jefe desde dentro hacia afuera.

No saqué la polla, no me dejó. Él quería que me corriera dentro, y así lo hice.

No puedo describir la intensidad del orgasmo que tuve.

Solo puedo decir que fue el mejor orgasmo que había tenido en mi vida.

Cuando mi polla empezó a ablandarse la saqué con cuidado de su culo.

Mi semen goteaba por su esfínter y caía dejando regueros en su precioso culo.

Entonces se volvió, se sentó en la cama y me dijo:

  • Ahora me toca a mí.

Al principio entendí que esas palabras significaban que iba a masturbarse o que quería que yo le hiciese una paja, pero no era así.

Yo me había follado a mi jefe y ahora mi jefe quería follarme a mí.

Me tumbó en la cama boca arriba delicadamente. Se puso delante de mi y agachó su cabeza hasta mi entrepierna.

Antes de agacharse me di cuenta de que su polla seguía tiesa, y que quería descargar su leche en mí.

Mi jefe se metió mi polla en la boca, limpiando todo el semen que quedaba en la misma. La chupó y se tragó mi leche, hasta que mi polla volvió a ponerse dura, inexplicablemente después del orgasmo que había tenido.

Después me levantó las piernas sujetándolas por detrás de las rodillas y dejando mi culo al alcance de su cara.

Cuando metió su lengua por mi ojete yo ya había alcanzado el éxtasis.

Me chupó el culo, la polla, los huevos, todo de forma alternativa y metiéndome los dedos por el agujerito.

Yo estaba otra vez tan excitado que podría haberme corrido solo con tocarme.

Después de la mejor comida de culo que me habían hecho en mi vida, mi jefe se incorporó y me metió la polla por el culo, de forma tan suave como rotunda.

Una vez ya tuve la polla dentro sentí oleadas de placer.

Mi jefe empujaba su polla hacia dentro de mi culo.

Me folló y me folló durante lo que parecieron horas, aunque en realidad fue cerca de media hora.

Al mismo tiempo con su mano derecha agarró mi polla, que estaba dura, y la masturbaba muy lentamente, muy despacio. No quería que me corriera antes de tiempo. Y yo estaba transportado a un mundo de placer y éxtasis como nunca en mi vida había estado.

Cuando mi jefe estaba ya a punto de correrse aumentó la velocidad con que masturbaba mi polla.

Yo lo noté porque su polla se había puesto de repente tan dura dentro de mi culo que era como si me hubiese metido un bate de beisbol.

Pero no me hacía ningún daño. Al contrario.

Me estaba follando de forma tan suave que solo notaba escalofríos de placer cuando su polla rozaba mi próstata.

Una de las veces que alcanzó mi próstata creí correrme. No eyaculé, pero tuve un espasmo y un escalofrío de placer que recorrió mi cuerpo de arriba abajo. Y después de eso mi polla seguía estando dura.

En aquel momento no tuve tiempo de pensar, pero cuando terminé me di cuenta de que había tenido un orgasmo prostático antes del orgasmo con eyaculación. No me había pasado en mi vida.

A ver si va a resultar que soy multiorgásmico.

Nunca antes me había pasado, pero también es verdad que nunca me había encontrado con alguien que me follara tan bien como mi jefe.

Yo no me sentía en su cama, sometido ni penetrado. Me sentía elevado a un paraíso de goce y éxtasis, en un frenesí salvaje de sexo y lujuria en el que mi mente funcionaba a duras penas, simplemente para evaluar los sentimientos de placer.

Como he dicho antes, me estuvo follando durante cerca de media hora.

Y cuando se iba a correr, me masturbó más deprisa para que nos corriéramos al mismo tiempo.

Y lo consiguió.

Él se corrió dentro de mi culo, con un alarido de gozo equiparable a una llamada de apareamiento de un animal muy grande, y yo solté un chorro de leche que me llegó hasta la boca, que tenia abierta porque no paraba de gemir.

Nos corrimos al mismo tiempo, soltando los dos nuestra preciada carga.

Yo tuve el segundo mejor orgasmo de mi vida en una sola tarde.

Mi jefe tuvo un orgasmo que creo que recordaría en mucho tiempo, a tenor de la cara de placer que pude entrever mientras se corría.

Cuando dejó de empujar sacó la polla muy lentamente de mi culo y se acostó en la cama a mi lado.

Me abrazó y me dio un beso en los labios, tan dulce como intenso, y me dijo si quería quedarme a dormir.

Miré mi reloj. Eran las diez de la noche.

Habíamos estado toda la tarde follando.

Le devolví el beso y le dije que sí. Me acurruqué en sus brazos y nos dormimos hasta la mañana siguiente.

Después de esa tarde seguimos follando durante varios meses.

Todas las veces que lo hicimos fueron maravillosas, pero ninguna se pudo comparar con esa primera tarde de sexo desenfrenado e incontrolado.

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