¿Alguna vez os han follado con los ojos vendados?
Tengo que reconocer que me gusta ver lo que me como, y por eso nunca me había planteado vendarme los ojos mientras estoy teniendo sexo con otro chico.
Sin embargo, un día me hicieron una propuesta muy sugerente.
Se llamaba Jorge, y estaba muy bueno.
Me lo había tirado varias veces, y si algo había destacado de todos los polvos que había compartido con él, es que era muy guarro en el sexo.
Un día que habíamos quedado en su casa para pasar un buen rato, me hizo una sugerencia.
- ¿Qué te parece si te vendo los ojos, te acuestas en la cama y te dejas hacer todo lo que yo quiera? – me dijo – Tú no tienes que hacer nada, ni moverte. Solo quiero que seas mi juguete sexual. Te prometo que vas a tener la mayor corrida de tu vida.
Sus palabras despertaron mi curiosidad y mi libido.
Mi polla se puso dura de inmediato peleando por salirse por la cintura elástica de mis pantalones, ya que no llevaba ropa interior.
Le dije a Jorge que no podría evitar tocarle, y me sugirió también que podría atarme las manos al cabezal de la cama, para que la experiencia fuera más intensa.
Toda la sangre de mi cuerpo pasó a bombearse a mi polla. No la había tenido nunca tan dura, y solo por sugerirme esa nueva forma de divertimento sexual, rayando en lo sado maso.
Ahora, mirándolo en perspectiva, me doy cuenta de lo arriesgado que podría haber sido que un desconocido te ate a la cama y que haga con tu cuerpo lo que quiera, pero esa opción ni siquiera pasó por mi cabeza.
Jorge no era un desconocido para mí. Habíamos follado varias veces y la verdad es que lo que me proponía me excitaba una barbaridad.
Me imaginé tumbado en la cama, sin moverme, mientras que Jorge recorría mi cuerpo con su lengua o sus manos, dejándome hacer. Y la polla se me puso más duda aún.
No hace falta indicar que accedí a lo que me pedía. Por primera vez en mi vida iba a tumbarme en una cama y dejarme hacer, sin tener que hacer yo nada.
Jorge me cogió de la mano y me llevó a su dormitorio.
Me quitó la camiseta y me empujó hacia la cama, donde caí de espaldas.
Sacó dos pañuelos de su mesita y me ató los brazos a la altura de las muñecas al cabezal de la cama.
Posteriormente sacó un antifaz negro y me lo puso en la cara, tapándome los ojos.
Estaba claro que no era la primera vez que hacía algo así, ya que lo tenía todo muy bien preparado y no dudó ni un momento. Sabía lo que se hacía.
De repente me encontré acostado boca arriba en su cama, con los brazos anudados a su cabezal y privado completamente de la visión.
Puesto que no podía ver lo que pasaba, intenté concentrarme en el resto de mis sentidos, sobre todo en el oído.
Jorge tardó varios minutos en comenzar a jugar con mi cuerpo. Los ruidos que hizo mientras tanto eran claros. Se estaba quitando la ropa.
Escuché como se quitaba la camiseta, y luego se oyó claramente una prenda de ropa caer al suelo con un tintineo metálico. Supuse que se había quitado los pantalones y los había dejado caer al suelo, siendo el ruido metálico el de su cinturón al golpear las baldosas.
Me imaginé a Jorge desnudo. Su cuerpo era espectacular, musculado y moreno. Tenía esa marca del bañador que tanto me excitaba y que me sigue excitando. Y su polla era enorme y perfecta, con lo huevos más redondos que había visto en mi vida.
Me pregunté si se habría quitado los calzoncillos.
De repente noté como dos manos agarraron la cintura de mis pantalones y me los bajaron, quitándomelos y arrojándolos al suelo. No llevaba ropa interior ni calcetines, por lo que a partir de ese momento ya quedé completamente desnudo.
Una mano comenzó a recorrer mi cuerpo, acariciándolo desde la planta del pie derecho y subiendo poco a poco por mi pierna, hasta llegar a mi cabeza. Luego noté un frescor en un pezón. Jorge me lo estaba chupando. Sentí un placer infinito al notar como me mordisqueaba el pezón, y al mismo tiempo me pellizcaba el otro pezón.
Mi polla estaba completamente dura. Todavía no la había tocado, pero la situación me estaba excitando tanto que mi erección no había bajado desde que me sugirió ese juego sexual.

Noté una caricia en mi cuello. El contacto era húmedo y cálido, y por eso deduje que era su lengua.
La caricia húmeda se movió por mi cuello, bajando luego a mi pecho hasta mi ombligo.
Al mismo tiempo notaba también otra caricia más fría y seca, que deduje que era su mano, acompañando a la lengua.
De repente todas las caricias se detuvieron.
No me podía mover, pero estaba muy excitado. Jorge me estaba acariciando el cuerpo con sus manos y con su boca hasta el punto de hacerme enloquecer de placer.
Transcurrió muy poco tiempo, que a mí se me hizo eterno, cuando noté la caricia húmeda en mis testículos.
Una caricia suave, caliente y húmeda empezó a recorrer mis pelotas de arriba abajo, desde la unión con el pene hasta el perineo, rodeando el contorno de mis huevos sin dejar un solo centímetro de piel libre.
Al mismo tiempo noté como una caricia muy suave de lo que bien podría ser un dedo o varios, empezó a recorrer mi perineo, desde el nacimiento del escroto hasta el agujero de mi culo.
Los dedos estaban húmedos, así que me imaginé que Jorge se había chupado los dedos antes de pasarlos por mi entrepierna. O quizá estaba utilizando lubricante. Me daba exactamente igual.
De repente me encontré, en mi oscura existencia, siendo acariciado en tres zonas distintas: La caricia húmeda continuaba rodeando mis huevos suavemente, un dedo comenzó a abrirse camino suavemente a través de mi ojete, buscando el placer de mi próstata, y uno de mis pezones comenzó a ser pellizcado suavemente por dos dedos suaves y lubricados.
Ahora, aunque ya ha pasado bastante tiempo, pienso en aquellos momentos y no puedo evitar que la polla se me ponga dura instantáneamente.
Yo estaba tumbado, con los ojos vendados, atado, centrado en lo que me estaba haciendo Jorge, y aunque no me había tocado la polla todavía, estuvo jugando con los tres puntos más placenteros que tengo en mi cuerpo durante varios minutos, aunque yo estaba tan concentrado que me parecieron horas.
Jorge me había metido dos dedos por el culo. Yo estaba tan excitado y sus dedos tan lubricados que apenas lo había notado ni me produjo ningún tipo de dolor.
Y había encontrado mi próstata, y la estaba acariciando muy suavemente.
Al mismo tiempo me estaba pellizcando y retorciendo suavemente uno de mis pezones con la otra mano.
Y con la lengua me estaba chupando y acariciando los huevos al mismo tiempo que jugaba con las dos manos.
Eran los tres puntos de mi cuerpo que más placer me proporcionaban, aparte de mi polla, y Jorge parecía saberlo.
Yo estaba en un completo éxtasis, como en el nirvana.
Al tener los ojos tapados y no poder moverme, pude concentrarme en el placer que sentía en los tres puntos de mi cuerpo que estaban siendo estimulados. Y la descarga de placer era insoportablemente infinita.
No podría decir cuanto tiempo estuvo Jorge haciendo ese maravilloso trabajo. Lo que sí que puedo decir es que tras lo que parecieron varias horas para mí, yo me corrí.
Me corrí de una forma que no me había corrido en mi vida. Sin que nadie, ni yo mismo, me tocara la polla. Y fue el orgasmo más intenso que había tenido en mi vida. Duró minutos, horas, meses.
Bueno, en realidad debió durar poco menos de un minuto, pero en mi estado me parecieron horas. Fue la descarga de placer más energizante y satisfactoria que he tenido jamás.
El semen salió disparado de mi polla en un chorro que me llegó hasta la cara. Ni siquiera me di cuenta de que la boca se me llenó con mi leche, pues estaba jadeando de placer.
Fue el mejor orgasmo de mi vida. Perdí la conciencia. El placer se apoderó de mi cuerpo y de mi mente hasta el punto que me hizo elevarme por encima de todo.
Durante unos segundos, o quizás minutos, no supe donde estaba ni lo que estaba haciendo.
Suena raro, pero creo que salí de mi cuerpo. Mi mente se desvaneció tragada por un espasmo incontrolable de placer lúbrico.
Mi cuerpo se convirtió en una carcasa vacía recorrida por oleadas de energía orgásmica que no sabía ni quería controlar.
Poco a poco volví a sentir mi mente volviendo a mi cuerpo.
El orgasmo se fue desvaneciendo, dejando paso a mi racionalidad, y pensando que había experimentado unas sensaciones que no alcanzaba a describir. Me había quedado sin habla.
Mientras la respiración normal volvía a mi cuerpo, oí un susurro en mi oreja izquierda:
- Vamos a descansar un poco, porque esto no ha terminado todavía. Solo ha sido el primer orgasmo. Ahora si quieres parar me lo dices y lo dejamos ya, pero si quieres que continúe asiente con la cabeza, y voy a seguir hasta que te corras más fuerte de lo que te has corrido ahora.
Por supuesto, yo asentí con la cabeza. Quería mi segundo orgasmo, que si iba a ser mejor que el primero sería algo indescriptible.
Lo que pasó después lo contaré en mi siguiente historia.
Solo puedo adelantar que fue épico.

